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===הרפובליקה הספרדית השנייה ומלחמת האזרחים===
בבחירות העירוניות ב-[[12 באפריל]] [[1931]], זכו המועמדים ה[[רפובליקה|רפובליקנים]] וה[[סוציאליזם|סוציאליסטים]] ב-69.2% מן הקולות, לעומת כ-24% בלבד למועמדים ה[[מונרכיה|מונרכיסטים]]. הרפובליקנים והסוציאליסטים זכו כל אחד ב-15 מושבים במועצת העיר, לעומת 20 מושבים למונרכיסטים. [[פדרו ריקו]], מהמפלגה הרפובליקנית-דמוקרטית, נבחר על-ידי המועצה העירונית לראש עיריית מדריד. הניצחון הרפובליקני במדריד ובמרבית בירות המחוזות בספרד, סימן את התמוטטות המונרכיה הספרדית ותחילתה של [[הרפובליקה הספרדית השנייה]], יומיים בלבד לאחר הבחירות. ב-[[14 באפריל]] התכנסה הוועידה הרפובליקנית בבית הדואר ההיסטוריה ב[[פוארטה דל סול]], שמשמש את משרד הפנים הספרדי, והכריזה על הקמת הרפובליקה בפני המון מריע. [[החוקה הספרדית של 1931]] הייתה הראשונה לכלול התייחסות חוקית לעיר הבירה, ונקבע בה כי מדריד היא בירת הרפובליקה‏[http://es.wikisource.org/wiki/Constituci%C3%B3n_de_la_Rep%C3%BAblica_Espa%C3%B1ola_de_1931/_T%C3%8DTULO_PRELIMINAR:_Disposiciones_generales החוקה הספרדית של 1931, בה נקבע בפרק המבוא בסעיף 5 כי מדריד היא בירת הרפובליקה]‏ {{ספרדית}}</ref>.
Las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 suponen un gran triunfo de la conjunción republicano-socialista en Madrid, obteniendo el 69,2% de los votos[52] (90.630 votos para la conjunción y 31.616 para los monárquicos,[53] que se tradujeron en 15 concejales socialistas y 15 republicanos frente a 20 concejales monárquicos). Pedro Rico, del Partido Republicano Democrático Federal, fue elegido alcalde por la corporación municipal. El triunfo republicano en Madrid y la mayoría de las capitales de provincia supone la descomposición de la monarquía y el advenimiento de la Segunda República Española, apenas dos días después. El comité republicano asumió el poder el día 14 por la tarde, proclamando la República en la Real Casa de Correos de la Puerta del Sol, sede del Ministerio de la Gobernación, ante una multitud enfervorizada.[54] La Constitución de la República promulgada en 1931 fue la primera que legisló sobre la capitalidad del Estado, estableciéndola explícitamente en Madrid.[55]
 
El estallido de la Guerra Civil española tuvo lugar en Melilla a media tarde del viernes 17 de julio y fue siendo conocido en Madrid en las horas siguientes. Todavía el sábado 18 y el domingo 19 guardó la ciudad una cierta normalidad. Tras el aplastamiento de la rebelión en Madrid, mal planificada, en el Cuartel de la Montaña y los cuarteles de Carabanchel, en los que los elementos leales del Ejército y de las Fuerzas de Seguridad fueron auxiliados por las milicias populares (organizadas desde finales de 1934 por el Partido Comunista Español bajo el nombre de Milicias Armadas Obreras y Campesinas), a las que el Gobierno autorizó la entrega de armas.
El estallido de la Guerra Civil española tuvo lugar en Melilla a media tarde del viernes 17 de julio y fue siendo conocido en Madrid en las horas siguientes. Todavía el sábado 18 y el domingo 19 guardó la ciudad una cierta normalidad. Tras el aplastamiento de la rebelión en Madrid, mal planificada, en el Cuartel de la Montaña y los cuarteles de Carabanchel, en los que los elementos leales del Ejército y de las Fuerzas de Seguridad fueron auxiliados por las milicias populares (organizadas desde finales de 1934 por el Partido Comunista Español bajo el nombre de Milicias Armadas Obreras y Campesinas), a las que el Gobierno autorizó la entrega de armas. A partir de ese momento comenzó una represión indiscriminada no sólo hacia los que habían participado en la rebelión, sino contra aquellos que por no compartir las ideas políticas del Frente Popular, estaban considerados como "desafectos al Régimen". Surgieron numerosísimos centros de interrogación y detención (las famosas "checas") de donde muchos detenidos sólo salían para ser "paseados", apareciendo sus cadáveres en los alrededores de la ciudad. Innumerables domicilios particulares fueron incautados, y la misma suerte corrieron las sedes de los partidos políticos de derechas. Se produjo también el asalto e incendio de las iglesias, con irreparables pérdidas artísticas y culturales y por Decreto gubernamental oficial de agosto de 1936, fueron definitivamente cerradas todas las iglesias de la España frente-populista y por tanto las de Madrid. Se produjeron las famosas matanzas de la Cárcel Modelo, las "sacas" en las que las llamadas Milicias de Vigilancia entraban en las cárceles (San Antón, Ventas, etc.) con sus listas de personas a eliminar, "sacaban" a los presos que figuraban en las listas y los fusilaban en el Paseo de la Florida, en los llamados Altos del Hipódromo y en numerosos lugares más. Especial magnitud revistieron las matanzas llevadas a cabo en Paracuellos del Jarama, y Torrejón de Ardoz en noviembre/diciembre de 1936, en las que el cálculo más bajo, arroja de 3000 a 4000 víctimas. Miles de domicilios particulares fueron "requisados" y saqueados, los famosos "registros" no eran más que el nombre con el que se cubrían los masivos robos domiciliarios, fueron asaltadas y forzadas las cajas fuertes de los Bancos (por decisión oficial de los sucesivos Gobiernos frente-populistas) y robado su contenido (joyas, numerario, objetos de valor, etc.), que más tarde, al final de la Guerra, sería transportados a Méjico en los famosos tesoros de la J.A.R.E. y de la S.E.R.E. y en conjunto, pasó la ciudad de Madrid desde julio de 1936 a abril de 1939 por un periodo de terror que es sin duda el más alto conocido en la historia de España. La resistencia de las milicias, militarizadas en forma de Ejército Popular de la República en 1937, dirigidas por la Junta de Defensa de Madrid, consigue frenar la ofensiva durante la batalla de Madrid en los barrios del oeste de la ciudad, especialmente en el entorno del barrio de Argüelles y la Ciudad Universitaria, donde se estabilizó el frente, y que resultó arrasada en el conflicto, perdiéndose además de los propios edificios de la Universidad elementos tan valiosos como el Real Sitio de la Moncloa, que incluía el palacio homónimo (el actual es una reconstrucción de la posguerra) y la Casa de Velázquez.[56]
 
A partir de ese momento comenzó una represión indiscriminada no sólo hacia los que habían participado en la rebelión, sino contra aquellos que por no compartir las ideas políticas del Frente Popular, estaban considerados como «desafectos al Régimen». Surgieron numerosos centros de interrogación, detención y tortura (las famosas «checas»), de donde muchos detenidos sólo salían para ser «paseados», apareciendo sus cadáveres en los alrededores de la ciudad. Se produjeron las famosas «sacas de presos» en las que las llamadas Milicias de Vigilancia entraban en las cárceles (San Antón, Ventas, etc.) con sus listas de personas a eliminar, «sacaban» a los presos que figuraban en las listas y los fusilaban en las afueras de la ciudad.
La ciudad no volvería a sufrir otro asalto por tierra durante la guerra, pero fue castigada por el fuego artillero y los bombardeos aéreos, primeros en la Historia sobre una capital, a imagen de los que otras europeas sufrirán durante la Segunda Guerra Mundial. Las operaciones de la aviación del bando sublevado, apoyada por aparatos de la Alemania Nazi y de la Italia fascista[57] causan en 4 meses, del 7 de noviembre de 1936 al 9 de marzo de 1937, 1.490 muertos, 430 desaparecidos y 3.502 heridos.[58] aparte de causar numerosos destrozos en edificios emblemáticos, como los que afectaron, del 14 al 17 de noviembre de 1936, al Museo del Prado, el Museo de Arte Moderno, el Instituto Cajal, el Museo Arqueológico Nacional y el Palacio de Liria.[59] La aviación también fue utilizada para atemorizar al enemigo, ejemplo sonado fue la acción del 15 de noviembre cuando fue arrojado en paracaídas sobre el centro de la ciudad, el cadáver descuartizado de un piloto republicano apresado horas antes; el cajón llevaba la indicación "A la Junta de Defensa de Madrid".[60]
 
Especial magnitud revistieron las matanzas de Paracuellos del Jarama, y Torrejón de Ardoz en noviembre/diciembre de 1936, en las que los cálculos más fundamentados arrojan entre 2000 y 3000 víctimas. También innumerables domicilios particulares fueron incautados, y la misma suerte corrieron las sedes de los partidos políticos de derechas. Se asaltaron e incendiaron iglesias, con irreparables pérdidas artísticas y culturales y por decreto gubernamental oficial de agosto de 1936, fueron definitivamente cerradas todas las iglesias de la España republicana y por tanto las de Madrid.
La resistencia de Madrid fue exaltada por la propaganda en favor de la causa republicana con el lema «¡No pasarán!» y mofada al terminar la Guerra, con la canción de Celia Gámez "¡Ya hemos "pasao!", pero la situación obliga a las instituciones y el Gobierno así como una parte de la población civil a ser evacuados hacia las regiones del interior y del Levante. El final de la guerra fue especialmente caótico en Madrid, con el enfrentamiento violento entre unidades armadas del Partido Comunista y las leales a la Junta de Defensa de Madrid, dirigida por el general Miaja, el coronel Segismundo Casado y el miembro del Partido Socialista, Julián Besteiro. Los choques armados en las calles de la ciudad causaron numerosas víctimas y dieron lugar a sangrientas represalias y fusilamientos por ambos bandos. En los dos últimos días de marzo y primero de abril de 1939 entraron en la ciudad las tropas nacionalistas, acogidas con masivas manifestaciones de júbilo por la población. Acabada la guerra el 1 de abril de 1939, Madrid comienza a padecer la represión franquista; en julio de ese año, el conde Galeazzo Ciano, ministro de Asuntos Exteriores de la Italia fascista, escribe en su diario que son entre 200 y 250 ejecuciones diarias.[61
 
La resistencia de las milicias, militarizadas en forma de Ejército Popular de la República en 1937, dirigidas por la Junta de Defensa de Madrid, consigue frenar la ofensiva durante la batalla de Madrid en los barrios del oeste de la ciudad, especialmente en el entorno del barrio de Argüelles y la Ciudad Universitaria, donde se estabilizó el frente, y que resultó arrasada en el conflicto, perdiéndose además de los propios edificios de la Universidad elementos tan valiosos como el Real Sitio de la Moncloa, que incluía el palacio homónimo (el actual es una reconstrucción de la posguerra) y la Casa de Velázquez.63
 
La ciudad no volvería a sufrir otro asalto por tierra durante la guerra, pero fue castigada por el fuego artillero y los bombardeos aéreos, primeros en la Historiahistoria sobre una capital, a imagen de los que otras europeas sufrirán durante la Segunda Guerra Mundial. Las operaciones de la aviación del bando sublevado, apoyada por aparatos de la Alemania Nazi y de la Italia fascista[57]fascista64 causan en 4 meses, del 7 de noviembre de 1936 al 9 de marzo de 1937, 1.490 muertos, 430 desaparecidos y 3.502 heridos.[58]65 aparte de causar numerosos destrozos en edificios emblemáticos, como los que afectaron, del 14 al 17 de noviembre de 1936, al Museo del Prado, el Museo de Arte Moderno, el Instituto Cajal, el Museo Arqueológico Nacional y el Palacio de Liria.[59]66 La aviación también fue utilizada para atemorizar al enemigo, ejemplo sonado fue la acción del 15 de noviembre cuando fue arrojado en paracaídas sobre el centro de la ciudad, el cadáver descuartizado de un piloto republicano apresado horas antes; el cajón llevaba la indicación "A la Junta de Defensa de Madrid".[60]67
 
La resistencia de Madrid fue exaltada por la propaganda en favor de la causa republicana con el lema «¡No pasarán!» y mofada al terminar la Guerra, con la canción de Celia Gámez "«¡Ya hemos "pasao!"», pero la situación obliga a las instituciones y el Gobierno así como una parte de la población civil a ser evacuados hacia las regiones del interior y del Levante. El final de la guerra fue especialmente caótico en Madrid, con el enfrentamiento violento entre unidades armadas del Partido Comunista y las leales a la Junta de Defensa de Madrid, dirigida por el general Miaja, el coronel Segismundo Casado y el miembro del Partido Socialista, Julián Besteiro. Los choques armados en las calles de la ciudad causaron numerosas víctimas y dieron lugar a sangrientas represalias y fusilamientos por ambos bandos. En los dos últimos días de marzo y primero de abril de 1939 entraron en la ciudad las tropas nacionalistas, acogidas con masivas manifestaciones de júbilo por la población. Acabada la guerra el 1 de abril de 1939, Madrid comienza a padecer la represión franquista; en julio de ese año, el conde Galeazzo Ciano, ministro de Asuntos Exteriores de la Italia fascista, escribe en su diario que son entre 200 y 250 ejecuciones diarias.[61
 
Acabada la guerra el 1 de abril de 1939, Madrid comienza a padecer la represión franquista; en julio de ese año, el conde Galeazzo Ciano, ministro de Asuntos Exteriores de la Italia fascista, escribe en su diario que son entre 200 y 250 ejecuciones diarias.68
 
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